martes, 7 de enero de 2014

Tema 4 de Lengua: el léxico.

1. El léxico: definición.

El diccionario de la Real Academia Española define el léxico como el conjunto de palabras que forman el idioma. En su vigésimosegunda edición, publicada en 2001, el diccionario académico recoge 88.431 palabras o vocablos.

La palabra puede definirse como la unidad lingüística formada por uno o más monemas que en la escritura aparece entre dos espacios en blanco. Trataremos de los monemas cuando estudiemos la estructura morfológica de las palabras.


2. Clasificación de las palabras según su origen.

Según su origen, dentro del léxico español podemos distinguir:

1º) voces patrimoniales: palabras que han existido en español desde sus orígenes. Por lo general, proceden del latín y han sufrido una evolución por el paso del tiempo. Ej. cabeza (del lat. capitia), colgar (del lat. collocare), labrar (del lat. laborare), etc.
 
2º) cultismos: palabras procedentes del latín o del griego, introducidas tardíamente en nuestro idioma y que apenas han sufrido cambios en su forma. Ejemplos de cultismos son capital, cátedra, solitario, clamar. Estos mismos cultismos son los que en la época primitiva del español dieron las voces patrimoniales caudal, cadera, soltero y llamar. La coexistencia de ambos términos en la lengua, el cultismo y la voz patrimonial, se denomina doblete.

3º) préstamos: voces importadas de otras lenguas por influencia cultural. Se clasifican según la lengua de la que proceden en:

- arabismos: procedentes de la dilatada presencia musulmana en la península: alcalde, aceite, arroz, almohada…

- americanismos: tomados en la época de la colonización del nuevo continente: cacique, maíz, tomate, canoa, tabaco…

- galicismos: introducidos muchos de ellos por influencia de la cultura francesa con la entronización de la Casa de Borbón en nuestro país: festín, menú, galleta, garaje…

- germanismos: procedentes del alemán: búnker, guerra, guisar, espía…

- italianismos: belleza, novela, soneto, partitura, mafia…

- anglicismos: beicon, club, líder, fútbol, estop…

4º) siglas: términos formados por las iniciales, y sólo las iniciales, de varias palabras. Ej. ONU (Organización de las Naciones Unidas), BOE (Boletín Oficial del Estado), ONG (Organización no gubernamental), etc.
Un fenómeno similar a las siglas son los acrónimos: unión de secuencias parciales de varias palabras. Ej. módem (de modulador demodulador), informática (de información automática), emoticono (de emoción e icono)…
 

3. Estructura morfológica de las palabras.

Las palabras se definen como las unidades lingüísticas formadas por uno o más monemas. Por ejemplo, la palabra niña está formada por dos monemas: niñ-, que es la raíz, y –a, que es la terminación del género gramatical femenino. La palabra pan está formada por un solo monema, que a su vez es su raíz.

Los monemas se definen como las unidades lingüísticas más pequeñas que poseen significado. Así por ejemplo, niñ- significa “persona de poca edad”, y –a en este caso significa “del género femenino”. Existen dos clases de monemas, los lexemas, que tienen significado léxico, y los morfemas, que poseen significado gramatical. Son lexemas las raíces de los sustantivos, adjetivos, verbos y adverbios (pan-adería, alt-a, dorm-imos, hoy). Los morfemas, a su vez, pueden ser libres, cuando ellos solos forman una palabra; son morfemas libres las preposiciones, las conjunciones, los determinantes y los verbos auxiliares; y trabados, cuando necesitan ir unidos a un lexema para poder ser utilizados. Los morfemas trabados, por su parte, se dividen en morfemas flexivos, que son las terminaciones de género, de número y las desinencias verbales, y morfemas derivativos, que pueden ser prefijos, cuando van delante de un lexema (inter-medio), sufijos, cuando aparecen detrás del lexema (niñ-era), e interfijos, que pueden ir entre un prefijo y un lexema (en-s-anch-ar), o entre un lexema y un sufijo (café-l-ito); los interfijos tienen la particularidad de que no poseen ningún significado; su función es solamente unir un prefijo con un lexema o el lexema con un sufijo. Por otro lado, delante de un lexema podemos colocar más de un prefijo (re-des-cubr-ir), así como detrás de un lexema puede ir más de un sufijo (mar-in-ero).


4. Clasificación de las palabras según su estructura morfológica.

Las palabras, según sean los monemas (lexemas y morfemas) que las forman, es decir, según sea su estructura morfológica, se pueden clasificar en: simples, compuestas, derivadas y parasintéticas.

1º) palabras simples: están compuestas por un morfema libre (en, para, el, ese) o un lexema más morfemas flexivos (niñ-os, rápid-as, cant-ábamos): morfema libre o lex+morf flex

2º) palabras compuestas: están formadas por dos lexemas más morfemas flexivos (quitamanchas, parachoques, sacapuntas, cochecama…): lex+lex+morf flex

3º) palabras derivadas: su estructura es un lexema más morfemas derivativos (prefijos y sufijos). Por ejemplo, a partir de la palabra simple mano obtenemos las derivadas manual, manera, manotazo, antemano, etc. Son palabras derivadas: Prehistoria, intercontinental, precocinado, intermedio, Postmodernismo, etc.: (pref)+lex+(suf)

4º) palabras parasintéticas: se pueden hacer de dos maneras: mediante dos lexemas más un sufijo, por ejemplo, norte-americ-ano, pica-pedr-ero; o bien mediante prefijo+lexema+sufijo, siempre que el prefijo+lexema por un lado, y el lexema+sufijo por otro, no existan en el idioma: por ejemplo, a-terr-izar (no existen atierra ni terrizar). Otros ejemplos de este procedimiento son adelgazar, reblandecer, aburguesar: lex+lex+suf o pref+lex+suf (cuando el pref+lex por un lado, y el lex+suf por otro no tienen existencia por separado. Ej. adelgado y delgazar).


5. La Semántica. Los campos semánticos.

La Semántica es la parte de la Gramática que se ocupa del estudio del significado de las palabras. El término Semántica proviene griego “semainein”, que se traduce como “significar”. La Gramática se divide por tanto en las siguientes partes: la Fonología, que estudia los fonemas o sonidos de la lengua; la Morfología, que estudia formación de las palabras en monemas (como hemos visto) y su clasificación (en sustantivos, adjetivos, verbos, etc.); la Sintaxis, que estudia las relaciones que mantienen las palabras dentro de la Oración; y la Semántica que estudia todos los aspectos relacionados con el significado.

Las palabras, en base a sus significados, pueden agruparse en campos semánticos. Un campo semántico está formado por un conjunto de palabras que comparten algún aspecto o rasgo del significado. Ej. El campo semántico “mueble” estará formado por palabras como: silla, mesa, butaca, armario, sofá, etc. El campo semántico “medio de transporte” estará formado por palabras como: automóvil, motocicleta, tren, barco, avión, etc. Los campos semánticos que podemos distinguir son por tanto innumerables; dependerá del rasgo semántico que elijamos como criterio para su formación. Cuando se analiza un texto, podemos observar que, en función del tema tratado, existirá siempre un campo semántico predominante. Por otro lado, en un texto puede haber más de un campo semántico.


6. Clasificación de las palabras según sus relaciones de significado.

Las palabras, según las relaciones que existen entre sus significados, se pueden dividir en las siguientes clases: monosémicas, sinónimas, antónimas, polisémicas y homónimas.

a) una palabra es monosémica cuando tiene un solo significado. Por ejemplo, la palabra “cenicero” o la palabra “zapato”. Este fenómeno semántico se denomina monosemia (mono=uno; semia=significado). La monosemia no es lo más común en el idioma, ya que normalmente las palabras suelen tener, en función del contexto en que aparecen, más de un significado, dando lugar al fenómeno de la polisemia que veremos más abajo.

b) dos o más palabras son sinónimas cuando poseen el mismo significado. Este fenómeno semántico se denomina sinonimia (sin=con; onoma=nombre). Ej. “coche” y “auto”; “dar” y “entregar”; “comprar” y “adquirir”. Por otro lado, algunas palabras son sinónimas sólo en algunos contextos; así por ejemplo, cuando decimos “un precio alto” o “un precio elevado”; sin embargo, no significa lo mismo “un hombre alto” y “un hombre elevado”. Por lo tanto, podemos hablar de palabras sinónimas en un determinado contexto.

c) El fenómeno contario a la sinonimia es la antonimia. Dos palabras son antónimas cuando tienen significados contrarios u opuestos. Ej. “dar” y “recibir”; “cerca” y “lejos”; “antes” y “después”.

d) Una palabra es polisémica cuando posee varios significados. El fenómeno se denomina polisemia (poli=muchos; semia=significado). Ej. La palabra “corona” puede significar “tocado del rey”, “casa real”, “cierta moneda”, “pieza dental”, “cierta pieza en los relojes antiguos”, etc. Existen palabras con un alto valor polisémico; así por ejemplo, la palabra “poner” posee treinta y ocho significados o acepciones en el diccionario de la RAE en su vigésimo primera edición.

e) por último, dos palabras son homónimas cuando coinciden en su sonido. A veces tienen la misma ortografía: “haya” del verbo “haber” y “haya” sustantivo que se refiere a una determinada clase de árbol; pero pueden diferir en su ortografía: “haya” de “haber” y “halla” del verbo “hallar”. La homonimia (homo=igual; onimia=nombre) es un fenómeno semántico que se produce por una casualidad en la lengua, ya que el origen o etimología de las palabras homónimas es distinto; el término “haya” de “haber” viene del latino “habeat”, mientras que el árbol “haya” proviene del latino “fagea”. Otros ejemplos de homónimos son “tubo” y “tuvo”; “callado” y “cayado” o bastón; “fue” del verbo “ir”, y “fue” del verbo “ser”, etc.

Guión para la realización del comentario crítico


El comentario crítico


Como sabrás, la prueba de Selectividad de Análisis de Texto (Lengua Castellana y Literatura) consta de 5 preguntas que responden normalmente al siguiente formato:

1. Escriba un breve resumen del texto. (1 punto)

2. Indique el tema y la organización de ideas (estructura interna o esquema) del texto. (2 puntos)

3. Comentario crítico sobre el contenido del texto. (3 puntos)

4. Responda a una de las dos cuestiones siguientes: (2 puntos)

a) analice sintácticamente el siguiente texto:…

b) analice la estructura o formación (simples, derivadas, compuestas y parasintéticas) de las palabras siguientes:… o explique el significado de las palabras subrayadas en el texto:...

5. Responda a una de las dos siguientes cuestiones: (2 puntos)

a) explique las características del lenguaje periodístico o científico o literario…

b) (exponer un tema de literatura): Modernismo y Generación del 98, la Generación del 27, la narrativa hasta 1939 o a partir de 1939…

Estos apuntes tienen la finalidad de proponer un guión para contestar a la tercera pregunta, es decir, establecer una serie de pasos para realizar el comentario crítico.

Antes de fijar un guión para el comentario crítico, conviene recordar las directrices y orientaciones generales que se nos dan en el documento oficial sobre las pruebas de acceso a la Universidad (http://estudiantes.us.es/reuniones-coordinacion). En dicho documento (pág.4) se nos dice que se concederá la máxima puntuación (3 puntos sobre 10) cuando en el comentario se ponga de manifiesto:

(reproducción literal del documento)

- La interpretación correcta del sentido del texto y su intención.

- La exposición del punto de vista del alumno sobre las ideas esenciales del mismo. Pueden referirse al texto en general o a cualquiera de sus aspectos.

- La expresión de juicios de valor sobre el texto de forma argumentada. Para ello, se puede:

apoyar, destacar o precisar algunas afirmaciones.
matizar, contradecir…
ampliar la información con otros argumentos propios, causas o consecuencias.
relacionar con otros casos o situaciones conocidos por el alumno, u otros ejemplos de similar problemática.
sugerir o proponer posibles soluciones o alternativas a los temas planteados.

No se considerarán válidos:

análisis lingüísticos textuales: tipología del texto, procesos de comunicación existentes.
valoraciones exclusivas del estilo empleado (su corrección, belleza, alcance, etc.).
explicaciones redundantes del contenido: repetición de los argumentos empleados por el autor/a o copia literal sin aporte de visión personal.
valoraciones y opiniones personales no justificadas.
exposiciones teóricas o cualquier análisis formal del texto o de crítica literaria.

(fin de la reproducción literal)


En la página 5 de dicho documento se nos precisa, además, lo siguiente:

(reproducción literal del documento)

Por comentario crítico se entiende una valoración personal del texto mediante criterios objetivos y explícitos. Consiste, por tanto, en la expresión de juicios interpretativos y valorativos del texto. Tanto la interpretación del texto como la valoración han de fundamentarse en razones y argumentos convincentes.

El comentario crítico no es un resumen, ni volver a copiar el texto con otras palabras, ni una impresión subjetiva, laudatoria o detractora; es dar una respuesta a las cuestiones que plantea el texto. Por eso, consiste principalmente en destacar, afirmar, negar u objetar algo a lo expuesto y, para ello, es necesario tener una opinión sobre el tema, tener una mínima información. Para llevar cabo esa valoración, el alumno deberá confrontar las ideas expuestas en el texto con la visión personal que tiene sobre el mismo.

Para facilitar la transición de las preguntas 1ª y 2ª, evitando reiteraciones innecesarias en la 3ª, y para facilitar que el comentario se desarrolle en fases progresivas y articuladas, se sugiere que se adopten los pasos siguientes:

1. Adopción por parte del alumno de un determinado punto de vista (perspectiva objetiva o subjetiva) ante el tema básico o la tesis desarrollada en el texto.

2. Confrontación del punto de vista adoptado con las ideas, juicios o razonamientos desplegados por el autor en el proceso del discurso.
3. Conclusión sintética y personal (objetiva o subjetiva, razonada por supuesto, y ajena a opiniones arbitrarias).


En cualquier caso, deben evitarse errores tan frecuentes como:

- expresar impresiones personales de agrado o rechazo sin justificar.
- limitarnos a expresar la adhesión o rechazo al texto con “un estoy de acuerdo con lo que dice...”.
- reproducir un esquema fijo, predeterminado e inadecuado al texto. Muchos de los apartados a los que se intenta responder quedan vacíos de contenido.
- entender crítica como censura.
- aprovechar el texto para el desarrollo del tema de teoría o historia de la literatura.
- fórmulas memorísticas, estereotipadas, comentario previo, prescindiendo del texto.
- intentar encontrar los errores de coherencia o cohesión que no existen en el texto.
- volver a contar, de forma más extensa, el resumen del texto.
- pretender hacer un ejercicio de crítica literaria (plano fónico, léxico, morfosintáctico...).

(fin de la reproducción literal)

A pesar de que hay distintas formas de realizar un comentario crítico, en estos apuntes se propone el siguiente guión de comentario:

1. Introducción: para encuadrar el comentario.

2. Valoración crítica de las ideas que contiene el texto (es decir, el comentario crítico propiamente dicho).

3. Conclusión a modo de síntesis o balance.



1. Introducción.

Antes de entrar en el comentario propiamente dicho, conviene hacer una breve presentación del texto para situarlo y clasificarlo de acuerdo con sus peculiaridades y rasgos distintivos; en ella pueden incluirse de modo breve algunos datos sobre:

- El autor.
 
- La intención o la finalidad con que está escrito.
 
- Tipología textual.
 
- Modalidad textual.

En cuanto al autor, las probabilidades de que nos resulte conocido son escasas; no obstante, si llegara a darse el caso, podríamos dar una información resumida de lo que sepamos de él: biografía y obras que conozcamos.

En esta introducción podremos señalar también la intención o finalidad con la que el texto está escrito. Dicha finalidad está íntimamente relacionada con el tema que enunciamos en la pregunta 2 de la prueba.

La tipología textual viene determinada por el campo del saber a que pertenece el texto, de modo que diremos claramente si se trata de un texto científico, o humanístico, o periodístico o literario.

En cuanto a la modalidad textual indicaremos brevemente si nos encontramos ante alguna o varias de sus posibilidades: narración, descripción, exposición, argumentación, prescripción y diálogo. Un texto periodístico puede adoptar la forma narrativa (la noticia) o argumentativa (el artículo de opinión). En cambio, los textos científicos alternan la exposición (de hechos y principios) con la descripción (de experimentos o de fenómenos), etc.

Los textos que se proponen para comentar en la prueba de Selectividad son sobre todo periodísticos o literarios, por lo que las modalidades con que nos podremos encontrar serán, fundamentalmente, la exposición, la argumentación y la narración.


2. Comentario crítico.

Finalizada la introducción, corresponde ahora realizar un juicio crítico de las ideas contenidas en el texto. Dicho juicio debe ser personal y razonado. Se trata, por tanto, de expresar nuestras ideas personales como respuesta a todo lo que el texto nos ha suscitado o sugerido. En la redacción de esta parte tendremos en cuenta algunos de los puntos señalados en las directrices y orientaciones generales del documento oficial, las cuales quedaron expuestas al inicio de estos apuntes; y que son concretamente:

- La exposición del punto de vista del alumno sobre las ideas esenciales del texto. Pueden referirse al texto en general o a cualquiera de sus aspectos.

- La expresión de juicios de valor sobre el texto de forma argumentada. Para ello, se puede:

apoyar, destacar o precisar algunas afirmaciones.
matizar, contradecir…
ampliar la información con otros argumentos propios, causas o consecuencias.
relacionar con otros casos o situaciones conocidos por el alumno, u otros ejemplos de similar problemática.
sugerir o proponer posibles soluciones o alternativas a los temas planteados.

Teniendo en cuenta lo que se acaba de exponer en cuanto a en qué consiste un comentario crítico, nos disponemos ahora a realizar su redacción: esta tarea puede hacerse de dos formas distintas:

    - siguiendo linealmente el texto, es decir, comentando su contenido en el mismo orden en el que el autor lo ha expuesto.
     
    - o reorganizando las ideas y comentándolas de acuerdo con su estructura interna, con independencia del orden lineal en que aparecen en el texto.

(si no se tiene mucha práctica en el comentario, lo más recomendable es ir explicando las ideas en el orden lineal en que aparecen, siguiendo incluso la distinción entre un párrafo y el siguiente)

Hemos de procurar que nuestras opiniones sean objetivas y estén argumentadas de una manera lógica y coherente.


3. Conclusión.

Resulta conveniente finalizar el comentario crítico con un párrafo final en el que, de una manera breve, se haga un resumen o síntesis de las observaciones realizadas sobre el texto, así como un juicio global del mismo. Con ello, el ejercicio quedará “cerrado” y producirá una sensación de algo acabado.

martes, 10 de diciembre de 2013

Comentario crítico al poema "Por encima del mar, desde la orilla americana del Atlántico", de Rafael Alberti.


Comentario crítico al poema “Por encima del mar, desde la orilla americana del Atlántico”,

de Rafael Alberti.



El título del poema de Alberti, “Por encima del mar, desde la orilla americana del Atlántico” nos da dos referencias espaciales: la primera, “por encima del mar”, frase cuyo sentido completo advertimos en el último verso -”voy de nuevo a cantarte”- señala la intención del poeta de proyectarse hacia ese espacio lejano; la segunda, “desde la orilla americana del Atlántico”, indica el punto de origen de esa proyección, evidentemente imaginaria, en el espacio.

En la primera estrofa el poeta invoca a Cádiz, colocándose en una situación hipotética -”Si yo hubiera podido...hablarte como entonces”-, en la que el adverbio “entonces” muestra catafóricamente una imagen del pasado: “como cuando descalzo por tus verdes orillas/ iba a tu mar robándole caracolas y algas”.

En la segunda estrofa, Alberti, sin dejar de dirigirse a Cádiz, expresa las dos razones por las cuales hubiera merecido haber podido hablar a su ciudad salvando la distancia que le impone el océano: “por haberte llevado tantos años conmigo” -es decir en su corazón-, y “por haberte cantado casi todos los días”, donde podemos muy bien sustituir el verbo “cantar” por “poetizar”; por otro lado, vemos cómo en los dos últimos versos de la estrofa se produce una identificación entre Cádiz y su experiencia de la felicidad: “llamando siempre Cádiz a todo lo dichoso,/ lo luminoso que me aconteciera.”.

La tercera estrofa se abre con dos peticiones conmovedoras: “siénteme cerca, escúchame”, y se cierra con la razón de esas peticiones: “Hoy tengo muchas cosas, muchas más que decirte.”. Los versos intermedios expresan mediante una comparación -“igual que”- el deseo del poeta de encontrarse realmente en el espacio imaginado, evocando la materialidad de ese espacio: “igual que si mi nombre, si todo yo tangible,/ proyectado en la cal hirviente de tus muros,/...te hablara.”.

En la cuarta y última estrofa, Alberti muestra su convencimiento de que la lejanía en el espacio no será un obstáculo para ser oído: “yo sé que lo lejano.../ no hace que los oídos/ de tu siempre dispuesto corazón no me oigan.”. El último verso expresa el deseo decidido del poeta de salvar ese espacio que lo separa de lo que él más quiere, de su Cádiz natal: “Por encima del mar voy de nuevo a cantarte.”.

Para concluir, diremos que nos resulta fácil identificarnos con el sentimiento de nostalgia que invade el poema cuando recordamos las dramàticas circunstancias que llevaron a Alberti, miembro del Partido Comunista, al exilio al finalizar la Guerra Civil española en 1939; primero a Argentina, donde permaneció hasta 1963, y luego a Roma, desde donde regresaría a España en 1977, después de treinta y ocho años de su salida. Afortunadamente tuvo aún la oportunidad de cantar a Cádiz desde su casa del Puerto de Santa María, donde murió en 1999, a los noventa y seis años de edad, conservando, a pesar de su avanzada edad, un estado de envidiable lucidez.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Tema 2 de Literatura: la Lírica española del siglo XX hasta 1939.


Tema 2 de Literatura: la lírica (poesía) del siglo XX hasta 1939.


1. El Modernismo.

Se denomina Modernismo al movimiento literario nacido en Hispanoamérica en el último cuarto del siglo XIX y difundido en España por el poeta y diplomático nicaragüense Rubén Darío a raíz de la publicación de Prosas profanas (1896). Como consecuencia del mismo, la poesía española de la época va a consagrarse a la exaltación de la belleza, adquiriendo un aire aristocrático que se aparta de lo vulgar y de lo cotidiano. Esa exquisitez se mostrará en los temas, en el cuidado de la forma y en el despliegue de elementos sensoriales a lo largo del poema.

 

1.1. Los temas del Modernismo.

Dos líneas temáticas principales se distinguen en el Modernismo:

a) La línea escapista, la más representativa de este movimiento, se caracteriza porque el poeta, en su búsqueda de la belleza, se refugia en mundos raros y cosmopolitas: lugares exóticos y lejanos (Japón, Grecia, París, etc.) y épocas antiguas (la Edad Media, el Renacimiento). Se construyen palacios, jardines, pagodas, por los que desfilan princesas, guerreros legendarios, cisnes, ninfas y sátiros.

b) La línea intimista muestra el malestar del poeta ante lo que le rodea: el amor y el mundo son vistos con ojos melancólicos y hay un deseo de plenitud que resulta irrealizable. Todo ello se enmarca en paisajes otoñales o solitarios jardines crepusculares.


1.2. El estilo y la métrica.

Los poetas modernistas, para conseguir la ansiada belleza, recurren a todas las posibilidades que el lenguaje les ofrece: la musicalidad, el cromatismo, el simbolismo, la utilización de un léxico muy rico (neologismos, cultismos, arcaísmos). Utilizan además imágenes audaces y frecuentes sinestesias.

Destaca su habilidad en el uso de la métrica, en la que, aunque siguen empleando los versos de más tradición (octosílabos y endecasílabos), se inclinan por metros poco habituales hasta entonces como el alejandrino, el dodecasílabo o el eneasílabo.


1.3. Los poetas modernistas españoles.

A Rubén Darío, a pesar de ser nicaragüense, se le incluye en las historias de la literatura española por su decisivo papel en la implantación del Modernismo en España. Sus obras más importantes son Azul, en el que sobresale el empleo de símbolos como el cisne, encarnación del ideal poético de Rubén, Prosas profanas, que representa la plenitud de la línea de evasión cosmopolita, y Cantos de vida y esperanza, con una poesía más íntima y preocupada por el hombre. Ahora bien, las genuinas figuras de la poesía modernista española son Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez, y ello aunque uno y otro evolucionaran en etapas posteriores de su creación hacia otros postulados estéticos.


1.4. Antonio Machado.
 

Nació en Sevilla en 1875. Fue catedrático de francés e impartió clases en Soria, en Baeza, Segovia y finalmente en Madrid. Enviudó un año después de casarse, y este desgraciado hecho marcó profundamente su carácter y su poesía. Murió en el exilio en Francia en 1939.

En su producción poética se pueden diferenciar tres etapas:

- la primera etapa, de clara influencia modernista, está representada por su libro Soledades, galerías y otros poemas, obra caracterizada por su tono intimista y por la presencia de temas como el tiempo, la muerte y la soledad, desarrollados mediante símbolos como el camino, la fuente o la tarde.

- en la segunda etapa desaparece la influencia de Rubén Darío y domina la preocupación por España. A esta etapa pertenece Campos de Castilla, libro en el que el canto al paisaje castellano se mezcla con el desasosiego y la crítica por la decadencia de España. En algunos poemas como en “A un olmo seco” aparece el dolor por la muerte de su mujer.

- la tercera etapa, en la que aparece su libro Nuevas canciones, se caracteriza por el predominio de las preocupaciones filosóficas y sociales.


1.5. Juan Ramón Jiménez.
 
Nació en Moguer (Huelva) en 1881. Fue una persona marcada por una extrema sensibilidad. Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1956. 
 
Su trayectoria poética está marcada por su total dedicación a la poesía y a la búsqueda constante de la belleza. En dicha trayectoria pueden distinguirse las siguientes etapas:

- La etapa sensitiva, que comprende sus comienzos neorrománticos, de clara inspiración becqueriana, como puede verse en su libro Arias tristes. Más tarde recibe la influencia del Modernismo, innegable en obras como La soledad sonora, en la que destacan rasgos como el colorido, la adjetivación brillante y el uso de versos alejandrinos.

- La etapa intelectual, representada por el Diario de un poeta recién casado. En ella, Juan Ramón abre el camino a la poesía pura: el lenguaje se condensa para nombrar lo esencial de las cosas y la estructura del poema se simplifica para hacer transparentes las sensaciones.

- La etapa suficiente, desarrollada en el exilio y recogida en dos libros fundamentales: La estación total y Dios deseado y deseante. En ella, su poesía se hace cada vez más trascendente, hasta desembocar en lo metafísico e incluso en cierto misticismo.

Juan Ramón sobresale también como prosista en libros como Platero y yo, escrito en un lenguaje modernista.


2. El Vanguardismo.

Con esa denominación se alude a los movimientos artísticos que tienen lugar en Europa entre las dos guerras mundiales y cuyo objetivo es innovar las artes, acabando con los restos del arte antiguo. Entre ellos, podemos destacar los siguientes:

- el Futurismo proclama la ruptura radical con el pasado y alaba las conquistas de la técnica. Su lenguaje suprimirá los nexos sintácticos y los signos de puntuación para conseguir dinamismo.

- el Dadaísmo propugna, frente a la razón, liberar la fantasía y crear un lenguaje incoherente, siguiendo su gusto por la provocación y el escándalo.

- el Surrealismo, para el que el ser humano no podrá alcanzar la libertad absoluta hasta liberar los impulsos reprimidos en el subconsciente, defiende la escritura automática, en la que el autor transcribe inmediatamente lo que le viene a la mente sin ningún tipo de autocensura.


2.1. El Vanguardismo en España.

Las inquietudes renovadoras europeas se conocieron casi inmediatamente en España gracias a la labor difusora de Ramón Gómez de la Serna, quien, aún sin cultivar la poesía, y gracias a los atrevimientos metafóricos de sus greguerías y su concepción de la literatura como arte autónomo, ejerció una influencia decisiva en los ismos hispanos y en la Generación del 27. Entre tales ismos hispanos sobresalen:

- el Creacionismo, para el que el arte debe actuar a semejanza de la naturaleza, es decir, no imitando sino creando una realidad nueva no existente antes, de forma que el poema se explique por sí mismo, y no por referencia al mundo exterior. En España su principal representante será Gerardo Diego.

- el Ultraísmo, en cuyas obras aparecen imágenes y metáforas irracionales en disposición tipográfica a modo de caligramas; entre los ultraístas destacan Guillermo de la Torre y el ya nombrado Ramón Gómez de la Serna.



3. La Generación del 27.

Se denomina Generación del 27 a un grupo de escritores que publican sus obras más representativas entre 1920 y 1935, y que se reúnen en torno a la Residencia de Estudiantes de Madrid. El nombre surge a raíz de la celebración del tercer centenario de la muerte de Góngora, que tuvo lugar en el Ateneo de Sevilla en 1927 y en la que participaron muchos de los poetas del grupo. Pertenecen a esta generación Pedro Salinas, Jorge Guillén, Vicente Aleixandre, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Luis Cernuda, Rafael Alberti y Federico García Lorca.



3.1. Características de la Generación del 27. 



Los poetas de la Generación del 27 se caracterizan por:

- cultivar tanto la poesía tradicional como la poesía vanguardista representada por los ismos (creacionismo, ultraísmo, surrealismo): por un lado, resulta innegable la influencia de la literatura clásica española, tanto culta como popular, posterior al siglo XV (el Romancero, la poesía de cancionero, Garcilaso de la Vega; Góngora, Bécquer). Por otra parte, el influjo de J. R. Jiménez y de los ismos se observa en ciertos temas, en la innovadora disposición tipográfica de algunos poemas y en la desaparición de la métrica clásica, que será sustituida por el versículo.

- cultivo intenso de la imagen y la metáfora: los miembros del grupo crean un lenguaje poético brillante y sugerente alejado de la lengua corriente.

- innovación métrica: utilizan con frecuencia el versículo (versos sin medida ni rima) junto a estrofas tradicionales (soneto, cuarteto, romance, etc.).

- variedad temática: al lado de temas vanguardistas, relacionados con la técnica, lo moderno y lo intelectualizado, recuperan temas tradicionales, como el amor, la muerte o el paisaje.


3.2. Etapas de la Generación del 27.

- La primera etapa abarca hasta 1927, y se caracteriza por la influencia de las vanguardias y de la poesía pura de J. Ramón Jiménez. Los rasgos de este período son la preocupación por conseguir la belleza total del poema, la depuración del lenguaje y la experimentación. Pero por otro lado se percibe el peso de la lírica tradicional, sobre todo en los primeros libros (Marinero en tierra, de Alberti, Romancero gitano, de García Lorca, Versos humanos, de Gerardo Diego).

- En la segunda etapa, de 1927 a la Guerra Civil, las circunstancias históricas de España (el final de la dictadura de Primo de Rivera, la crisis económica de 1929, la instauración de la República...) llevan a la mayoría de los autores -bajo la influencia de Pablo Neruda, residente en esa época en nuestro país- a adoptar una actitud de compromiso social. Surge así una preocupación creciente por los sentimientos humanos (la libertad, el amor, la angustia existencial, los sueños...)

- En la tercera etapa, comenzada tras la Guerra Civil, el grupo se dispersa: algunos poetas, como F. García Lorca, han muerto; otros, como Salinas, Alberti y Cernuda, se exilian, y finalmente otros permanecen en España, como es el caso de Aleixandre y Gerardo Diego. La evolución personal de cada uno les encamina hacia estéticas muy distintas, aunque todos coinciden en retomar los temas humanos, agudizados por el sufrimiento de la guerra y sus consecuencias (miseria, censura, exilio, nostalgia de la tierra perdida).


3.3. Autores de la Generación del 27.

- Pedro Salinas destaca como poeta de temática amorosa, en sus obras La voz a ti debida y Razón de amor.
 
-Jorge Guillén es representante más destacado de la poesía pura dentro de la generación. Sobresalen sus libros Cántico y Clamor.
 
- Vicente Aleixandre parte de un concepto pesimista del mundo (La destrucción o el amor) para cultivar posteriormente la poesía solidaria (Historia del corazón).
 
- Gerardo Diego sobresale por su maestría para cultivar tanto la poesía vanguardista, representada por Manual de espumas, como la poesía más clásica y humana, plasmada en sus Versos humanos.
 
- Dámaso Alonso se interesa por hallar respuestas al problema existencial del vivir humano en libros como Hijos de la ira.
 
- Luis Cernuda concibe el mundo como un choque permanente entre los anhelos del ser humano y las trabas sociales, lo que se resume en el título que da nombre a toda su obra, La realidad y el deseo.
 
- Rafael Alberti recorre varias líneas poéticas a lo largo de su obra. En sus primeras obras, como Marinero en tierra, sigue los modelos de la lírica popular. El surrealismo le sirve de medio de expresión de la angustia existencial del hombre en Sobre los ángeles, escrita en versículos. La nostalgia del exilio está presente en Retornos de lo vivo lejano. Alberti fue además un gran prosista, como atestigua su libro de memorias La arboleda perdida.
 
- Federico García Lorca es un autor de grandes contrastes: se unen en su poesía lo culto y lo popular, lo tradicional y lo vanguardista. Lorca trata de expresar el dolor de “la Andalucía del llanto” en sus primeros libros, Poema del cante jondo y Romancero gitano. Recurre al surrealismo para expresar sus inquietudes sociales en Poeta en Nueva York, en el que expone su angustia ante la civilización moderna. Sus últimas obras, Diván del Tamarit, de influencia árabe, Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, prodigiosa elegía a un torero amigo, y los Sonetos del amor oscuro, muestran un profundo sentimiento del dolor humano.

jueves, 24 de octubre de 2013

Tema 1 de Literautura: la narrativa española del siglo XX hasta 1939


Tema 1 de Literatura: La narrativa del siglo XX hasta 1939.





1. El contexto histórico mundial del siglo XX.


A comienzos del siglo XX Europa vive una época de gran prosperidad económica. Junto al desarrollo de una opulenta clase burguesa surgen los primeros movimientos obreros nacidos a finales del siglo XIX representados por socialistas, comunistas y anarquistas. Después de la 1ª Guerra Mundial (1914-1918), Europa pierde la hegemonía que había venido ejerciendo durante siglos, y en su lugar emergen dos grandes potencias: Estados Unidos y Japón.



Los años que discurren entre la 1ª y la 2ª Guerra Mundial son denominados históricamente como período de entreguerras. Se producirá en 1917 la Revolución Rusa, que dará lugar al primer estado comunista. En 1929 el sistema capitalista sufre una profunda crisis evidenciada por el crack de la bolsa de Nueva York, lo que propiciará el nacimiento en Europa de las ideologías fascistas, representadas por Mussolini en Italia y Hitler en Alemania.



El afán expansionista del nacionalsocialismo alemán y del fascismo italiano provocará el comienzo de la 2ª Guerra mundial (1939-1945), cuyo resultado será la derrota de las potencias de eje, Alemania y Japón, y la división de los estados en dos bloques: el comunista y el capitalista.



El enfrentamiento entre ambos sistemas, el comunista soviético y el capitalista norteamericano, dará lugar al período de la Guerra Fría, que finalizará en 1989 con la caída del Muro de Berlín y la posterior disolución de la Unión Soviética en 1991, consolidándose de esta forma la sociedad de consumo, que caracterizará a la economía capitalista.


Finalizando el siglo XX, se producen dos fenómenos que transformarán profundamente las relaciones sociales: la globalización económica y la sociedad de la información surgida del desarrollo tecnológico. Ambos fenómenos siguen protagonizando los principales acontecimientos del mundo actual.



2. El contexto histórico español hasta 1939.


El siglo XIX finaliza con el desastre del 98, esto es, con la pérdida de las últimas colonias del imperio español, Cuba y Filipinas. Este hecho sacudió intensamente la política y la ideología nacionales, y los intelectuales abogaron por una reforma general de la vida española.



Bajo el reinado de Alfonso XIII, iniciado en 1.902, España se ve envuelta en una sangrienta guerra con Marruecos, cuyos efectos, unidos a la crisis económica de los años 20, culminarán en la instalación de la dictadura del general Primo de Rivera (1923-1930).



El 14 de abril de 1.931 se proclama la Segunda República, un período agitado en lo político y de enorme riqueza cultural en el que la radicalización de las posturas ideológicas y el incremento de la violencia frustraron los proyectos de modernización. El levantamiento militar del 18 de julio de 1936 provoca una Guerra Civil que terminaría tres años después con la implantación de la Dictadura Franquista.



3. La Literatura española del siglo XX.


La intensa conmoción que supuso la Guerra Civil (1936-1939) en la sociedad española determina la división de la vida cultural, y por tanto, de la Literatura, en dos períodos: el anterior a la guerra (1900-1939), y el posterior (1939 hasta la actualidad).



Los principales movimientos literarios que se desarrollan hasta 1939 son: el Modernismo, dentro del cual podemos situar a la Generación del 98, el Novecentismo o Generación del 14, y la Generación del 27.



Después de la Guerra Civil, las corrientes literarias que se suceden son numerosas, por lo que tradicionalmente se estudia la evolución de la Literatura Española a través de los géneros literarios: la narrativa posterior a 1939, la poesía posterior al 39 y el teatro posterior al 39, pudiéndose establecer dos períodos: el correspondiente al régimen de Franco, y el iniciado a partir de la Restauración de la Monarquía en la figura del rey Juan Carlos I.





4. La Generación del 98.



Se denomina Generación del 98 a un grupo de escritores que vivieron en su juventud el desastre colonial, lo que modeló sus inquietudes y sus anhelos. Tradicionalmente se incluyen en la misma Pío Baroja, Azorín, Ramiro de Maeztu, Miguel de Unamuno, Antonio Machado y Valle-Inclán (aunque éstos dos últimos con reservas, ya que siguen una evolución ideológica y estética distinta a sus compañeros). Este grupo de autores cumple los principales requisitos para hablar de una generación literaria: nacen en fechas próximas, mantienen relaciones personales intensas -especialmente los cuatro primeros-, participan en actos colectivos -como la visita a la tumba de Larra- y existe, finalmente, un acontecimiento generacional que aúna sus voluntades: el “desastre del 98”, fecha que les ha dado nombre, y que se refiere a la ya citada pérdida de las últimas colonias, Cuba y Filipinas.



4.1. Características de la Generación del 98:



  • Muestran una gran interés por los grandes temas de la existencia humana: el sentido de la vida, el destino del hombre, la actitud religiosa...
  • Su preocupación ante la situación nacional convierte el tema de España en el eje central de su obra. Critican, sobre todo, a los gobernantes corruptos, el atraso del campo y los vicios nacionales. Creen que los problemas del país hallarán solución en la medida en que se produzca en el pueblo un cambio de mentalidad.
  • El deseo de modernizar el país les hace volver sus ojos a Europa, y así Unamuno la necesidad de europeizar a España. En una segunda etapa, sin embargo, reivindicará los valores nacionales más “castizos” y hablará de españolizar Europa.
  • Buscan la esencia de lo español en las tierras de Castilla, en su historia y en su literatura. Aman los viejos pueblos y el paisaje castellano.
  • Muestran afán por renovar literariamente nuestra lengua. Recuperan palabras tradicionales y utilizan arcaísmos. Con el fin de transmitir con claridad sus ideas, defienden un estilo antirretórico caracterizado por la sobriedad y la precisión.
  • Además del cultivar con frecuencia el ensayo y el periodismo, cauces apropiados para la exposición de sus ideas, tratan de modernizar los géneros literarios; por ejemplo, las nivolas de Unamuno, mezcla de reflexión y relato, supusieron un profundo cambio en la narrativa de su época.



4.2 Miguel de Unamuno.



Nacido en Bilbao (1864-1936), fue rector de la Universidad de Salamanca y llegó a ser desterrado a la isla de Fuerteventura por sus ataques al rey y al general Primo de Rivera.

Expuso en sus ensayos En torno al casticismo y Del sentimiento trágico de la vida su pensamiento respecto a el problema de España, diferenciando entre historia e “intrahistoria”, siendo esta última “la vida silenciosa de millones de hombres sin historia” que son la base de la verdadera historia. La cuestión religiosa es el tema de La agonía del cristianismo.



Como novelista, renueva el género a través de una serie de innovaciones: la concepción de la novela como un método de conocimiento; la estructura abierta, con la existencia consiguiente de varias interpretaciones; la presencia de un protagonista individual en lucha contra la idea de la muerte; la reinterpretación del concepto de realismo (mezcla personajes reales con los de ficción, intercala relatos...); etc. De ahí que inventara la palabra “nivola” para denominar sus novelas, entre las que destacan Niebla, Abel Sánchez, La tía Tula y San Manuel Bueno, mártir.



Cultivó también la poesía de tema religioso y filosófico (El Cristo de Velázquez) y el teatro.



4.3 Pío Baroja.



Nacido en San Sebastián (1872-1956), comenzó defendiendo las ideas regeneracionistas y anarquistas para acabar en una actitud de total desilusión y escepticismo.



Baroja fue un escritor fecundísimo. Muchas de sus novelas se agrupan en “trilogías”, entre las que destacan:



- la lucha por la vida: formada por La busca, Mala hierba y Aurora roja, en las que el autor describe los barrios más míseros de Madrid.

- la raza: formada por El árbol de la ciencia, una de las más leídas de Baroja, La dama errante y La ciudad de la niebla.


Entre 1913 y 1935 escribió una serie de novelas con el título general de Memorias de un hombre de acción, cuyo dinámico protagonista, Eugenio de Aviraneta, es un antepasado del autor.


Son rasgos típicamente barojianos la total libertad en la construcción de la novela -en la que se van yuxtaponiendo los episodios, anécdotas y digresiones sin otro nexo que la figura del protagonista-, la pintura de ambientes, la inadaptación vital de sus personajes - en conflicto consigo mismo o con el medio-, y el ágil ritmo narrativo, con frases cortas y descripciones impresionistas.



4.4 José Martínez Ruiz “Azorín”.



Nacido en Monóvar (Alicante, 1873-1967), evolucionó desde sus ideas revolucionarias juveniles hacia posturas conservadoras.



Sus temas recurrentes –las evocaciones de infancia y juventud, las recreaciones de tierras y hombres de España, las pinturas de paisajes- dominan tanto en sus ensayos (Los pueblos, Castilla) como en sus novelas (La voluntad), en las que el argumento es tan tenue que parece un pretexto para hilvanar pinturas de tipos y ambientes. Su estilo, basado en el predominio de frases cortas, se caracteriza por la precisión y la claridad.



4.5 Ramón del Valle-Inclán.



Nació en Villanueva de Arosa (Pontevedra, 1866-1936), fue un escritor peculiar, con su aspecto bohemio y un tanto excéntrico.

En sus inicios narrativos utiliza, al igual que en su teatro, una estética modernista de lenguaje sonoro y musical, período del que son buen exponente sus Sonatas, cuyo protagonista, el Marqués de Bradomín, símboliza un mundo aristocrático y decadente en una Galicia primitiva. Pero a partir de la serie de novelas recogidas bajo el título general de La guerra carlista comienza su evolución hacia un estilo más duro y más crítico que culminará en las novelas adscritas a la tendencia deformadora y sarcástica del esperpento. Es el caso de Tirano Banderas, novela en la que critica las dictaduras hispanoamericanas, y de la trilogía de El ruedo ibérico, donde satiriza la corrupción de costumbres en la corte de Isabel II. (Su importante obra teatral se estudiará en el tema correspondiente al teatro hasta 1939).


5. La novela novecentista.



Se conoce con el nombre de Novecentismo o Generación del 14 a los autores que sucedieron a la Generación del 98 y alcanzan su plenitud literaria en la segunda década del siglo XX. Se incluyen entre otros a Ortega y Gasset, Gregorio Marañón, Ramón Pérez de Ayala, Gabriel Miró y Ramón Gómez de la Serna.



Todos ellos comparten con el 98 la inquietud por el problema de España, aunque rechazan la visión dramática y subjetiva de sus predecesores y adoptan una actitud más equilibrada e intelectual. Este enfoque será el que determine el predominio del ensayo entre estos escritores. Como novelistas, destacan Pérez de Ayala y Gabriel Miró, y, a caballo entre el Novecentismo y el Vanguardismo, el inclasificable Gómez de la Serna.



  • En la novela de Ramón Pérez de Ayala (Oviedo, 1880-1962) abunda el elemento intelectual, con continuas digresiones sobre diversos temas. Su concepción experimental del relato le lleva a crear nuevas estructuras narrativas y a buscar originales perspectivas para la presentación de personajes y sucesos, como en Troteras y danzaderas. El lenguaje también se somete a la renovación: perfectas construcciones oracionales, con un léxico muy rico y seleccionado, junto a frases tomadas del habla popular.



  • Las novelas de Gabriel Miró (Alicante, 1879-1930) se basan en descripciones construidas mediante la unión de distintas escenas ambientales y paisajísticas. La acción apenas existe más que para dar entrada al elemento descriptivo. Todo está supeditado a la expresión de percepciones sensoriales, de forma que los verdaderos protagonistas de sus novelas son los objetos, quedando los tipos humanos como meras anécdotas. Por ello, su estilo es muy elaborado y lírico, a la vez que lento y recargado. Sus obras más conocidas son Nuestro Padre San Daniel y El obispo leproso.



  • Ramón Gómez de la Serna (Madrid, 1888-1963) lleva a la práctica la deshumanización del arte de la que hablaba Ortega hasta convertir la literatura en un juego de incoherencias, aproximándose al irracionalismo del arte de vanguardia. Escribió novelas libres, en las que el argumento es sustituido por digresiones sobre cualquier tema. Sus relatos no muestran interés por la psicología de los personajes y dejan paso a juegos, greguerías y exhibiciones de humor. Destacan Cinelandia y El torero Caracho. Su creación más ingeniosa es la greguería, que consiste en una asociación ingeniosa, e irracional, de ideas. Es una visión de las cosas expresada brevemente, a modo de refrán o sentencia. Ejemplos de greguerías son “la humanidad no será feliz hasta que se acabe la humanidad”, “la A es la tienda de campaña del alfabeto” o “en otoño deberían caer las hojas de los libros”.